¿Jugaremos la UEFA?

Batalla muy desigual en los banquillos

El Gran Equipo del Sur de España se aleja a pasos agigantados del ansiado tercer puesto liguero que da acceso directo a la liga de campeones. Nuestro entrenador, como el que no quiere la cosa y pese a presuponerle unos cojones muy gordos, ha tirado por la borda los últimos doce puntos seguidos.

De los nueve puntos perdidos con anterioridad al partido de hoy, los más preocupante fueron los que volaron en Barcelona. Sabíamos de antemano que una derrota allí era casi segura, pero lo que nos dolió es que entregásemos los tres puntos en una bandeja de plata, junto con la imagen de perdedores, equipo pequeño y vergonzosa que dimos. La excusa oficial era la de reservarnos para el partido frente al Real Madrid.

Menuda reserva. Lo que vimos hoy en el Sánchez-Pizjuán fue lo que venimos padeciendo desde que Manuel Jiménez lleva el timón deportivo de nuestra nave. Partido clave, ridículo seguro. Otra vez fuimos el equipo miedoso y acomplejado de la época en la que él lo capitaneaba desde el césped. Manuel Jiménez no ha dejado un resquicio de ese equipo poderoso que se crecía ante las adversidades y que daba lecciones de fútbol allá por donde iba.

Desgraciadamente, el artífice del Sevilla Fútbol Club de leyenda que encumbró al mundo desde el año 2005 al 2007 estaba sentado en el banquillo visitante. Don Juan de la Cruz Ramos Cano hizo lo que mejor saber hacer: inyectar carácter luchador y ganar. Ganar, ganar y ganar. El Real Madrid tiene buenos jugadores, pero en su plantilla hay muchos que distan de ser verdaderos cracks, bien por edad, bien por meras condiciones futbolísticas. Sólo Sergio Ramos e Iker Casillas son de los mejores del mundo. Todo lo demás, es garra y sapiencia desde al banquillo. Juande Ramos ha ganado 17 de los últimos 18 partidos posibles, una auténtica salvajada.

Nosotros hicimos lo de siempre en estas circunstancias. Salimos enchufados y marcamos un gol en los primeros minutos. Luego el guión estaba escrito. El equipo se echó atrás, nos empataron, y, tras el descanso, nos humillaron. Es lo que suele pasar cuando te metes en tu área como un Albacete de la vida a esperar al rival. Recurso muy sencillo que Juande Ramos desmonta hasta durmiendo, como sucedió. Desde nuestro banquillo no se da soluciones, ni se plantean los partidos en condiciones, ni se hacen cambios acertados. Nada de nada. Estamos ahí, como llevamos repitiendo por activa y por pasiva, gracias a momentos de inspiración puntuales de nuestros futbolistas de mayor nivel.

Manuel Jiménez tendría que estar lejos de Nervión desde que hicimos el ridículo frente al Fenerbahçe hace ya casi un año y medio. Allí mostró, más que nunca, todas sus carencias y que es incapaz de lograr retos ambiciosos. A todo el que sienta este equipo, debe tener esa espina clavada en el corazón.

Pero ahí está, ahí lo tenemos, a punto de desperdiciar una ventaja a su favor de once puntos. Un entrenador cómodo que no se quejará si nos venden en un plis plas a Daniel Alves y Seydu Keyta, y nos los sustituyen por los jugones Konko y Romaric. Ahí está para no exigir fichajes públicamente. Ahí está desmoronando nuestra imagen de equipo campeón y ganador.

Como sevillista, me importa muy poco los días de la afición, los mosaicos teledirigidos, las banderitas de España en nuestras equitaciones, los jamones, el queso, los relojes, que me feliciten por sms el cumpleaños o los colchones para dormir. Me importa el equipo, la imagen que damos, nuestra capacidad para ganar. Yo quiero a ese equipo de hace dos años, con su entrenador serio y hasta esaborío, sin un ápice de sevillismo por sus venas, pero que nos hacía disfrutar como nunca antes con nuestro juego y nos llenó las vitrinas de títulos. Eso es lo que me importa, tener un entrenador que nos aleje de ser ese equipo pequeño, miedoso y perdedor que hemos sido tanto tiempo. Por eso admiro a don Juan de la Cruz Ramos Cano. Por eso veo que lo importante es mantener pilares como el suyo, en vez de anteponer el sevillismo a otras cuestiones mucho más importantes para el éxito.

La derrota de hoy estaba cantada. Lo que había en un banquillo y otro eran como la noche y el día, el blanco y negro, el mar de la montaña. Nada que ver. Encima, el horizonte más cercano, Villarreal, también pinta muy oscuro. Ojalá nos clasifiquemos para la Champions (terceros o cuartos, ya da igual), pese a lo que más huele es que tendremos que sudar para mantener un puesto de UEFA…